miércoles, 31 de agosto de 2011

De perros y amores (parte 1)


Me sorprende como uno llega a conectarse emocionalmente a una mascota, cuando se van te duele como un pariente, los consentimos como si fueran hijos y los coleccionamos como muñecos de peluche.
Hace algunos meses decidimos integrar un cachorro a nuestras vidas, las primeras semanas un virus lo infecto y tan fuerte le pegó que estaba completamente en los huesos, no caminaba, no comía, no bebía, lo teníamos que alimentar con jeringa a base de papillas cual bebé, prácticamente lo obligábamos. Corríamos al veterinario cada tercer día para lograr que mejorará.
Mientras tanto tuvo que vivir dentro de casa, ya que justo inicio la temporada de lluvias en la Ciudad y era muy peligroso que pudiera tener una gripe.
Tanta era nuestra preocupación que lo teníamos en el cuarto para poder estar cuidándolo durante la noche. Lo peor de la enfermedad pasó y su real cara se reveló.
Que horror! Un diablo resulto.
El primer deceso lo sufrieron los audífonos del iphone, después el cargador de la compu, siguieron playeras, sandalias de baño, revistas, paredes, fundas… Nos ha robado la comida del día.
Poco a poco se apodero de las escaleras, la sala, la entrada… Su última conquista ha sido mi cama, primero subía casualmente a visitarnos, ahora ya ha mordido la cabecera, al irnos a dormir espera cautelosamente el momento en que nos hemos perdido para brincar suavemente en la cama y poder tomar posesión, se arrastra delicadamente durante la noche mientras nos vamos alejando hasta quedar justo en medio.
A lo que hemos llegado!!!